Después de esa cita a ciegas, se continuaron los encuentros en el Chat, las llamadas telefónicas frecuentes. Los planes para estar juntos progresaron rápidamente, y así fue que surgió un segundo encuentro, esta vez, con toda la intención de mi parte, de ir a conocer su ciudad y el medio en que se desenvolvía. Casi al mes del primer encuentro, decidí ir a Salamanca donde él vivía, ciudad petrolera que está a cerca de 800 Km. de distancia de mi ciudad de origen.
Viajé a la Capital de la República, ahí dormí en casa de una prima, al día siguiente me dirigí a la Central de Autobuses del Norte, él me sugirió en qué línea viajar, compro mi ticket de abordar, voy al anden indicado. ¡Que bien! es un autobús ejecutivo de lujo, amplio y cómodo, al lado izquierdo unos pocos asientos individuales, al derecho asientos dobles.
Elegí el asiento 4 individual, me acomodé para disfrutar el viaje de 4 horas, contemplando el paisaje, como no era nada grato, por tratarse de una metrópoli, al poco rato me quedé dormida.
De pronto me despierto, me doy cuenta que el autobús está en una terminal, y los pasajeros descienden, me levanto como bólido y bajo también, recojo mi equipaje y me apresuro emocionada hacia la sala de espera, esta vez ya lo identificaría enseguida, así que no habría una sorpresa. Al menos no de ese estilo…
Entro miro a ambos lados, no lo encuentro… ¡ups! ¿Qué pasó? No está… miro el reloj, llegué media hora antes, eso es…
Pensé: - le llamaré por teléfono para avisarle.
Compro una tarjeta telefónica y me dirijo al aparato más cercano, marco su número y una grabación me dice:
-El número que usted marco, no existe.
¿Me equivocaría al marcar?, lo intento otra vez:
-El número que usted marcó no existe:
Pregunto a alguien si la marcación era la correcta ahí en Salamanca:
- No está usted en Salamanca, sino en Celaya.
Doy las gracias y salgo corriendo a buscar mi autobús ejecutivo…una vez más agitación y asombro, ¿que pasó? Me pregunto, bueno eso para después, ahora es más importante volver al autobús.
Llego al anden, y ¡OH desilusión! Ya no está…me dejó…corro nuevamente a la sala de abordar, pregunto cuál es el autobús mas inmediato de salir hacia mi destino, voy a la taquilla compro otro ticket, corro al anden y me subo al indicado…esta vez no es “ejecutivo de lujo”, es una línea de segunda clase… no importa me urge llegar.
Ahí voy, en el asiento 4 otra vez, ahora junto a la puerta, ventanillas abiertas, música a todo volumen, el chofer charla a gritos con la persona junto a mí... ¡que diferencia después del confort! ¡Llegaré toda despeinada y oliendo a combustible!
Viajo angustiada pero con la esperanza de llegar lo antes posible… 45 minutos de viaje, bajo a toda velocidad, entro a la sala de espera, miro para ambos lados. Allá está en el otro extremo, justo en la salida de la línea ejecutiva, mira hacia fuera, fuma mientras camina con desesperación, llego nuevamente por detrás de él, le toco el hombro y le pregunto:
-Disculpe ¿espera usted a alguien en especial?
El… ¡hola crayolaaa!... No se hizo esperar… luego… ¿Que te pasó?
Me abraza a su lado y salimos.
Le cuento mi odisea desesperada, que en ese momento se volvió una anécdota por demás chusca, reímos a más no poder…
Así cada vez que viajamos juntos a Salamanca, me diría:
¡Espera! No te bajes, que aún no llegamos! Risas…

2 comentarios:

Tano dijo...

Ay, Mega, que hermosa historia. Tan bien narrada, tan prolijamente dicho todo. Y en cuanto a esa historia, amiga, me has tomado de los bigotes, ya que me ubicaste en una de aeropuerto, que tal vez un día cuente. Gracias, Meguita, por semejante aporte. Un besito. - Tano

cati dijo...

Mega linda.
Que bonita y original, es el principio de tu historia, desde luego las Terminales y autobuses no son tu !FUERTE!
Jajajajajaa, espero ansiosa, la continuación
un beso grande, grande
Cati