+ Los días pasaban +

Y nuestro amor creciendo, todo nos resultó fácil, nada se interponía entre ambos, solo la distancia que poco nos separaba, porque él cada vez que podía la brincaba, y por unos días lo tenía a mi lado…bueno en su “habitación” donde recibía mis visitas a hurtadillas.

Su siguiente visita me llenaba de ilusión como todas, pero a la vez de cierta mortificación, fue en plena primavera y coincidió con un proceso quirúrgico de un ojo al que me sometería, él quería estar acompañándome en ese trance.

Como siempre lo haría, llegó cargado de obsequios, dulce de guayaba con relleno de coco, tamalitos de sabores dulces y salados (platillo típico mexicano hecho a base de masa de maíz), pastelillos, etc. desbordando alegría característica muy suya, era reflejo del contento que le producía ser bien recibido y sentirse en familia, a excepción de mi mamá.

Era de entenderse que a estas alturas ya tenía ella bien claro que me iría de casa. ¿Lógico no? Pero no era fácil para ella aceptar esta realidad. Como toda persona mayor se ponía caprichosa y protestaba porque Toño viniera tan frecuentemente, yo tenía que ser tolerante y muy paciente.

Llego el día de la cirugía, él y mi hermana me acompañaron a hospitalizarme, se despidió cariñoso, prometiendo que sería a al primero que vería al salir del quirófano, me dio ánimos para tranquilizarme. Aunque era una cirugía sencilla, no dejaba de dar cierto nerviosismo y temor.

Así fue, todo resulto sencillo y sin complicaciones, y en cuanto lo miré con esa sonrisa suya, recibí su saludo ¡Hola crayolaaa!

Ya en casa estaba al pendiente de todo cuanto pudiera necesitar, como yo debía guardar reposo, él entraba a mi habitación a platicar y estar conmigo, ante el enojo de mi madre, lo que me causaba disgusto y pena a la vez.
Para mi buena suerte, que ya era suficiente con tener el amor de Toño…él siempre guardó la compostura y respetó las postura de mi mamá, fingiendo no darse cuenta.

Era lógico como se sentía ella, ya que para las madres los hijos parecería que no crecen y siempre serán sus “niños” aunque ya se tengan uno ¡50 años! como era mi caso.
Y por otro lado había que reconocer que era producto también de su educación, en su “época” no era bien visto que un hombre entre a la recámara de ¡¡una señorita!! Glup…me hacía tanta gracia, pero a la vez... ¡cómo me mortificaba!

La fecha probable de boda estaba fijada para el mes de Julio del mismo año, pero cada vez se me hacia mas lejana y excesivo el tiempo de espera, ¡cosas del enamoramiento! Y sin duda de la situación que yo vivía. Así que logré convencer a Toño que se anticiparamos la fecha para el mes de mayo.

Esta situación duraría poco tiempo, mi mami también era conciente de mi felicidad e igual participaba de los preparativos… los días pasaban y la fecha se aproximaba…

2 comentarios:

cati dijo...

Que bonita.Tu historía Mega, debes que dar gracias a dios, por haberla vivido.
Has tenido tánto amor, y cuánto te queda.
un beso querida,amiga
Espero el próximo relato
Cati

Tano dijo...

Mega querida: Estoy atrapado con tu historia, con esa que destila amor por los cuatro costados. No tardes tanto continuarla. Te lo ruego. Un beso - Tano